26 ago 2012

Neuroplasticidad positiva y neuroplasticidad negativa

Ilustración: Lucía Fernández


En la entrada anterior hablamos acerca de la neuroplasticidad o plasticidad neuronal. Esta propiedad natural de nuestro sistema nervioso puede jugar en nuestro favor o en nuestra contra, dependiendo de nuestras acciones.

Pongamos un ejemplo: un joven muy inteligente, con enormes posibilidades de desarrollo profesional egresa de la secundaria. Esto es lo que naturalmente se le dio, con estas capacidades vino al mundo, y hasta salir de la secundaria fueron desarrolladas y aprovechadas de manera adecuada.

Para decirlo de forma extremadamente simplificada, a este joven se le dan dos caminos extremos:

1) Desarrolla sus capacidades: por ejemplo, ingresa a una universidad y aprovecha esta etapa de su vida, con lo cual su sistema nervioso se fortalecerá y adquirirá habilidades nuevas y más complejas para desenvolverse en ámbitos especializados y de alto rendimiento.

2) Desaprovecha sus capacidades y las pierde con el tiempo: por ejemplo, adquiriendo una adicción que le impida especializarse, haciéndose expulsar de la universidad o repitiendo los ciclos y los cursos constantemente, drogándose y/o emborrachándose sistemáticamente con los amigos sin hacer nada más a conciencia.

En el primer camino, la neuroplasticidad en el sistema nervioso de la persona juega a su favor: sus células se unen entre sí en nuevas conexiones, arman nuevos circuitos, se generan nuevas neuronas, adquiriendo de esa forma nuevas capacidades y habilidades.

En el segundo camino, la neuroplasticidad juega en su contra. Sus redes neuronales se desconectan por el desuso, no se desarrollan las vías que anteriormente se habían aprovechado, las redes neuronales se debilitan, la persona no gana capacidades, sino que las pierde día tras día, sintiéndose a sí mismo cada vez más torpe, incapaz y poco inteligente.

Naturalmente, en la vida real las cosas no son tan simples. En la mayoría de casos veremos que las personas toman un camino intermedio entre estos dos extremos, pero de todas formas lo dicho puede servir para entender la idea esquemáticamente.

Factores que fortalecen la neuroplasticidad positiva

Actualmente se sabe que hay algunos factores que definitivamente fortalecen la neuroplasticidad positiva, animando a que nuestro sistema nervioso juegue a nuestro favor. Algunos de estos son:

- Actividad física
- Educación
- Nutrición adecuada
- Interacción social

Factores que fortalecen la neuroplasticidad negativa

También se sabe algunos factores que más bien animan a nuestro sistema nervioso a jugar en nuestra contra. Algunos de estos son:

- Poca actividad física
- Mala o pobre educación
- Mala nutrición
- Mal estado de salud
- Pocas horas de sueño

Para recordar

Aquí se tienen entonces cuatro cosas qué hacer y cinco cosas qué evitar; y esto vale para todas las personas, sean bebés, niños, adolescentes, jóvenes, adultos o adultos mayores. Piense en usted mismo y en sus hijos y cuente. ¿Lleva a cabo los cuatro factores positivos? ¿Cuál le faltaría o lleva a medias? ¿Lleva a cabo algunos de los factores negativos? ¿Cuáles serían esos?

La idea sería ver la manera de ir sumando los positivos e ir cancelando los negativos, tanto en usted como en sus hijos o en las personas que tiene bajo su cuidado.

Referencia

David E. Vance, PhD, MGS; Anthony J. Roberson, PhD, PMHNP-BC; Teena M. McGuinness, PhD, CRNP, FAAN; Pariya L. Fazeli, BA (2010). How Neuroplasticity and Cognitive Reserve Protect Cognitive Functioning. En: Journal of Psychosocial Nursing and Mental Health Services. April 2010 - Volumen 48 · Número 4: 23-30. Puede ver el resumen de este artículo aquí.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

20 ago 2012

Plasticidad neuronal

Ilustración: Lucía Fernández


En una entrada anterior habíamos hablado algo acerca del sistema nervioso, a propósito del fenómeno conocido como "poda sináptica". Ahora vamos a hablar un poco acerca de otro fenómeno denominado "plasticidad neuronal".

Perdiendo y desarrollando capacidades

La plasticidad neuronal es una propiedad de las neuronas; es básicamente la capacidad que tienen de modificar sus conexiones entre ellas. La poda sináptica tendría relación con esta flexibilidad, ya que nos muestra cómo las redes neuronales no se quedan fijas si no las estimulamos, de manera que, por ejemplo, los niños pueden perder oportunidades de desarrollo si no se les permite cultivar sus capacidades.

Sin embargo, así como podemos perder capacidades si no las cultivamos, del mismo modo, y gracias a la plasticidad neuronal, también podemos conseguirlas o recuperarlas; y no hablamos solamente de aprender cosas, sino de desarrollar capacidades que anteriormente no teníamos o que incluso habíamos perdido.

La necesidad de estimular siempre

Gracias a la plasticidad neuronal, si una persona pierde la mitad de su cerebro y vive, las células de la otra mitad se reorganizarán, intentando reemplazar las funciones que anteriormente desempeñaban las células perdidas y para ello modificarán sus conexiones entre ellas, armando prácticamente una nueva red neuronal. Obviamente lo más probable es que la persona no vuelva a ser la misma, pero ahí vemos a la plasticidad neuronal en plena acción. De hecho han habido personas a lo largo de la historia que han sobrevivido bastante bien a lesiones cerebrales o medulares que impresionarían a cualquiera. Y esto se da justamente gracias a esta plasticidad; las neuronas se reorganizan ante las situaciones.

Cuando alguien sufre una enfermedad, un accidente o agresión y se lesiona el sistema nervioso, sea el encéfalo o la médula espinal, muchas veces la persona pasa a rehabilitación, justamente para recuperar (en gran parte mediante plasticidad neuronal) las capacidades afectadas por la lesión.

Un ejemplo cercano de esto lo tendríamos en la niña Romina Cornejo, que quedó cuadrapléjica después de ser baleada por unos asaltantes. Mediante rehabilitación y tratamiento se espera que la niña pueda respirar por sí sola e incluso volver a caminar. Mientras tanto vemos cómo esta niña va recuperando algunas facultades, como mover la cabeza o la sensibilidad en las manos.

En suma, el sistema nervioso tiende a reorganizarse constantemente, dependiendo de las experiencias de la persona. Todos tenemos plasticidad neuronal en nuestros sistemas nerviosos, inclusive las personas con retardo mental o las personas afectadas por demencia causada por la edad o por algún síndrome o enfermedad. Por eso es importante que todos, a toda edad, seamos estimulados, más aun si empezamos a perder ciertas facultades o si ya las perdimos o si nacimos sin ellas. Nuestro sistema nervioso es muy flexible, así que nunca se debería dar nada por perdido.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

7 ago 2012

Dormir en la misma habitación que los padres

Ilustración: Lucía Fernández

La habitación donde una pareja sexual adulta  mantiene su intimidad y sus comunicaciones privadas sólo debería ser de uso exclusivo de los dos miembros de la pareja en cuestión.

Dicho de esta manera, no se necesita mayores argumentos. Basta pensar en uno mismo. Me imagino que a muy pocas personas les agradaría que otro, que no sea su pareja, esté presente en la habitación mientras mantienen una discusión, o mientras se cuentan cosas personales, o mientras debaten acerca de una decisión importante, o mientras mantienen relaciones sexuales.

Y sin embargo...

Sin embargo, a pesar de esto, muchos padres, a veces innecesariamente, optan por instalar la cuna o incluso la cama de su hijo o hija en la misma habitación donde se encuentra el lecho conyugal.

Haciendo esto, seguramente sin querer, se expone a los hijos e hijas a ser testigos y partes de las discusiones, de los desacuerdos, de los conflictos, y, lo más grave, de las relaciones sexuales de sus padres.

¿Se dan cuenta o no se dan cuenta?

Muchas personas creen que los niños no se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor. Esto es un error. Los niños se dan cuenta de lo que sucede, y no estamos hablando de nada sobrenatural ni de una especie de sexto sentido. Los niños se dan cuenta de la misma forma que un adulto se daría cuenta, sólo que la manera de procesar la información que recibe de su medio ambiente es distinta, y por ello, si se le pregunta, responderá de manera diferente a cómo respondería un adulto.

El hecho es que el niño experimentará malestar, al igual que cualquiera de nosotros, si es que se lo obliga a permanecer en el mismo ambiente en el que está una pareja que no se habla por estar peleada, con el agravante de que, además de la incomodidad natural, también seguramente experimentará tristeza, inseguridad, preocupación, miedo (de que por ejemplo se vayan a separar o se dejen de querer), ya que se trata de sus padres y no de cualquier otra pareja.

Asimismo, al igual que cualquiera de nosotros, experimentará una mezcla extraña de malestar y estimulación al saber que está en el mismo lugar en el que una pareja mantiene relaciones sexuales, con él presente. Muchos padres creen que sus hijos no se dan cuenta porque lo hacen silenciosamente y debajo de las sábanas, o porque los niños están dormidos. Eso es falso. Los niños son testigos de lo que sus padres les muestran. Los niños no son criaturas estúpidas. Los niños se dan cuenta de que algo sucede debajo de esas sábanas, escuchan los sonidos que se emiten, se despiertan ante la situación extraña, se hacen los dormidos, o se tapan con sus propias frazadas.

Aun en el caso de que estuvieran dormidos siempre (cosa extraña), los niños acaban siendo testigos en sueños de lo que sucede. Es probable que muchos de nosotros recordemos, por ejemplo, alguna situación en la que nos despertamos después de haber soñado algo relacionado a lo que efectivamente estaba sucediendo en el lugar donde dormíamos, tal vez relacionado a lo que se decía en la TV, en la radio, o a las voces de las personas presentes.

La necesidad de tener un mínimo de privacidad

Los niños, generalmente, no tienen forma de razonar como lo haría un adulto y pedir que se lo traslade a otra habitación porque no quiere seguir presenciando estos hechos, más aun cuando ha crecido así y no conoce otra opción posible. Pero su silencio o su dificultad para expresar racionalmente sus sentimientos o necesidades no significa que sean indiferentes a estas situaciones.

Muchos niños, por el contrario, no quieren dormir solos, pero esto tampoco implica que se deba mantener una situación de hacinamiento y de sobreexposición como esta. Más bien habría que pensar por qué es que el niño no quiere dormir en su propio ambiente. ¿Tendrá miedo? ¿Se sentirá inseguro? ¿Se sentirá demasiado apegado a alguno de los padres o a ambos, a tal punto que desea compartir estas situaciones íntimas con ellos?

En suma, hay que tener cuidado. Así como los niños no están preparados para ver determinadas películas, programas de TV o determinadas revistas o publicaciones, con mayor razón no están preparados para presenciar la vida íntima de una pareja sexual. Es más, parecería que nadie, por más adulto que fuese, debería estar preparado para presenciar y compartir la vida íntima de sus padres. Pensemos en nosotros mismos para entenderlo.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

17 jul 2012

La poda sináptica

Nuestro cerebro y el resto de nuestro sistema nervioso está compuesto por neuronas, las células nerviosas más conocidas. Estas neuronas están conectadas entre sí a través de sus dendritas y axones, extensiones que se asemejan a cables. Es como si ellas estuvieran tomadas de las manos entre sí formando una red enorme. Ellas se comunican a través de esas conexiones y gracias a ellas se transmiten órdenes que se traducen en nuestros sentimientos, percepciones, acciones y pensamientos.

Desde mover un brazo hasta sentir amor por alguien o desde despertar en la mañana hasta hacer una presentación ante tus jefes, todo ello, cada acción, cada sensación, cada idea, es ordenada por nuestro cerebro y efectuada a través de las neuronas y sus conexiones.

Son las neuronas las que hacen que nuestros músculos se muevan si queremos caminar o correr, y son las neuronas las que hacen que seamos capaces de ver u oir. Y todo a través de esta red de conexiones de la que hablamos, pues, por ejemplo, si tenemos la voluntad de mover el brazo, la orden se llevará a cabo gracias a que miles de neuronas "se pasarán la voz", desde las que están en el encéfalo hasta aquellas que están conectadas directamente con el músculo.

Sinapsis

La conexión efectiva entre una neurona y otra se llama sinapsis y, así como nuestro sistema nervioso está compuesto por millones de neuronas, se podría decir que también está compuesto por millones y millones de sinapsis, incluso por más sinapsis que el total de neuronas.


Ahora bien, cuando uno es niño el número de sinapsis es enorme. Las sinapsis están ahí formándose o, si ya están formadas, están ahí preparadas para ser la vía para realizar muchos comportamientos. Es por eso que los niños aprenden mejor y más rápido que un adulto mayor. Es por eso, por ejemplo, que es común ver que un niño aprende rápidamente a manejar una computadora que un adulto que recién se encuentre frente a una.

La poda sináptica

Podemos pensarlo como una computadora que nos viene nueva con muchas aplicaciones instaladas, muchas más de las que usaremos. Esa computadora sería capaz de hacer muchas cosas, pero también tendría menos potencia, debido a la cantidad de programas instalados que tiene que preparar cada vez que la encendemos.

Entonces, con el tiempo, el sistema de esa computadora empezará a desinstalar automáticamente, sin preguntarnos, los programas que no utilizamos. Así será más potente y más rápida, pero, ¿qué pasaría si después de mucho tiempo queremos usar un programa y nos topamos con la sorpresa de que el sistema ya lo desistaló por no haberlo usado nunca? Sería una lástima; tal vez diríamos "¡lo hubiera utilizado antes! ¡Ahora ya lo perdí!".

Lo mismo pasa con las sinapsis. Conforme el niño crece, si una red sináptica no ha sido utilizada, el sistema nervioso optará por cortar las conexiones. Este es un fenómeno que se conoce como "poda sináptica", es decir, el sistema nervioso poda, corta, las sinapsis sin usar para así obtener más energía y especialización en lo que sí hace la persona.

A diferencia de un programa de computación, que podemos volver a comprar en cualquier galería comercial, las redes sinápticas no se recuperan tan fácilmente. En realidad, muchas son muy difíciles o incluso imposibles de reestablecer.

Evitar que los niños pierdan la oportunidad

Ilustración: Lucía Fernández

La poda sináptica es un fenómeno necesario para la vida adulta, pero, al igual que cuando nos cuestionamos con la metáfora de la computadora, ¿qué pasa si nuestro niño pierde eficiencia, facilidad o incluso capacidad para hacer algo que sí le serviría, debido a que nosotros, como padres, no supimos estimularlo, enseñarle o permitirle hacer realidad sus potencialidades? ¿No sería una pena que tarde nos demos cuenta de ello o que tal vez nunca nos demos cuenta?

Pienso en los padres que, en un afán sobreprotector, no permiten a sus niños gatear o jugar en el suelo; o en aquellos papás que por falta de tiempo o ganas no se permiten jugar con sus hijos (imaginemos un hijo único que no pueda jugar ni siquiera con sus padres); o en aquellos papás que, por necesidad o sin ella, hacen que sus hijos trabajen como si fueran adultos, sin permitirles tener mayor tiempo para jugar o aprender acerca de otras cosas; o en aquellos papás que sabiendo hacer cosas muy bien, como tocar algún instrumento musical o realizar algún deporte, no lo comparten con sus niños, perdiendo la oportunidad de ser un maestro para ellos y limitándolos más a lo escolar, sin un horizonte más amplio.

Todos estos niños están en riesgo de perder los recursos que por naturaleza desarrollaron, la posibilidad de ser buenos deportistas, músicos, artistas, de tener pasatiempos interesantes y enriquecedores, incluso de ser buenos en lo que hagan para ganarse el sustento en su madurez.

Ojo, no estamos hablando de atiborrar a los niños de estimulación y actividades para que desarrollen todas y cada una de sus potencialidades. Recordemos que la computadora necesita mayor potencia; no se trata de agotar a nuestros hijos, como también muchos papás hacen, que el que mucho abarca poco aprieta. Se trata de tener cuidado de no perder oportunidades importantes o incluso de no perder habilidades necesarias para vivir más adelante en este mundo.

Si a un niño no se le permite moverse de su cuna, llegará un momento en el que perderá la posibilidad de caminar; si a un niño no se le habla nunca, llegará un momento en el que perderá la posibilidad de hablar; si un niño no recibe amor, ni cariño de nadie, llegará un momento en el que perderá la posibilidad de sentir y de dar esos sentimientos a un otro.

Conozco a una persona que no tuvo la oportunidad de aprender a leer ni a escribir en su niñez. Siendo adulta aprendió, pero le es imposible leer y escribir a la velocidad con que lo hacemos los que sí aprendimos siendo niños. De hecho, lo hace tan lento que sigue considerándose a sí misma analfabeta. Ése es el riesgo, con todas las cosas que un niño puede aprender, desarrollar y disfrutar.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

10 abr 2012

Ejercicio físico y deporte: aliados de la inteligencia y del buen rendimiento académico

Ahora se sabe que el ejercicio físico sí tiene relación con la inteligencia y el rendimiento académico de los niños. También se sabe que tiene relación con la salud física, la salud mental y el rendimiento académico o laboral de las personas adultas. Así, ha sido superada la separación que podría haberse insinuado anteriormente entre deporte e inteligencia o entre deporte y buen rendimiento académico.

Media hora diaria de ejercicio físico en el colegio

Para muestra un botón: en un colegio se tuvo la idea de que todos los días los estudiantes harían media hora de ejercicio físico. Al poco tiempo se vieron los resultados: el rendimiento académico general del alumnado mejoró significativamente, para sorpresa de todo el personal.

Ilustración: Lucía Fernández

Papás incentivando el ejercicio físico y el deporte

Es importante, por tanto, que los papás consideren la necesidad de que sus hijos hagan ejercicio físico. Hay que interesarse en qué les gustaría hacer y proveerles de lo necesario para que lo hagan. Si su hija quiere correr, acompáñela a correr o haga lo posible para que pueda hacerlo; si su hijo quiere aprender a jugar tenis, haga el esfuerzo y busque cumplirle este deseo; si quieren manejar bicicleta, cómprensela, no condicionen la bicicleta a las buenas notas "poniendo la carreta delante de los caballos".

El deporte no debe ser premio ni castigo

No condicione el ejercicio físico y el deporte a las buenas notas. Muchas veces he visto a los papás diciéndoles a sus hijos: "como sacaste malas notas, no tendrás fútbol". Al contrario, el deporte ayuda a que los chicos estudien mejor y se sientan mejor. Si a pesar de hacer deporte, su hijo o hija no tiene un rendimiento adecuado, no le eche la culpa al deporte, el deporte juega más bien a su favor. Seguramente hay otras problemáticas que están impidiendo que su hijo o hija mejore, pero no es necesariamente el deporte, a menos que él o ella se dedique exclusivamente a eso, que tampoco es la idea (nada en exceso es bueno).

Enseñándoles a los pequeños y animando a los más grandes

Mientras más pequeños mejor, juegue con ellos, hágalos correr y jugar físicamente. Si sus hijos ya están grandes y han estado acostumbrados a una vida sedentaria, viendo TV, jugando videojuegos o incluso estudiando sentados a la mesa en exceso, puede que no quieran hacer deporte o ejercicio. No se trata de obligar a sus hijos, ni menos de elegirles qué hacer, pero puede animarlos y poner de su parte para que en algún momento se animen a moverse.

Ya sabemos: el ejercicio físico y el deporte son aliados del buen rendimiento académico y del desarrollo de la inteligencia de los niños y adolescentes. No hay que tomarlos como premios o castigos, hay que tomarlos más bien como necesidades que siempre deben estar satisfechas.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

27 feb 2012

Los papás deben estar de acuerdo


Con relación a la disciplina de los niños y adolescentes hay varias consideraciones que es necesario que ambos padres tomen en cuenta, si no desean tener problemas con el comportamiento y los límites de sus hijos. En esta oportunidad hablaremos muy brevemente, como para que quede lo más claro posible, de una de aquellas consideraciones, que podría funcionar como principio o base de la disciplina en la casa.

La idea se puede resumir en una sola idea:

Los padres deben estar de acuerdo

Si no es posible, es necesario minimizar los desacuerdos, y si aun así quedan algunos puntos irreconciliables, es fundamental que nunca, jamás, los hijos sean testigos de tales contradicciones entre sus padres.

¿Cómo minimizar los desacuerdos?

Para los futuros papás, prevenir podría ser una buena forma, conversar sobre cómo educar a los futuros hijos, detectar los desacuerdos desde antes y ver la forma de resolverlos conversando, asesorándose, investigando, preguntando a profesionales, etc.

Para los que ya son papás, es recomendable no dejar pasar un desacuerdo con la pareja. Nunca se debe olvidar que estas situaciones no se arreglan solas. Se puede igualmente investigar juntos o buscar consejo; y si es un consejo profesional, mejor. También se puede pedir ayuda, ambos al mismo tiempo, a los seres de más confianza.

Eso sí, nunca se debe dejar que un tercero decida, ni profesional, ni familiar, ni amigo, nadie debe decidir por los padres. Son los papás los que deben decidir cómo resolver su discrepancia.

¿Y si no hago nada?

Los desacuerdos en cuestiones de disciplina siempre traen consecuencias. Dependiendo del asunto sobre el que los papás discrepan, los hijos percibirán necesariamente (aunque no lo parezca) el problema, lo que los llevará necesariamente a afirmar algo como: "uno de ellos no tiene la razón, uno de ellos está equivocado, uno de ellos comete errores, uno de ellos no tiene autoridad", originándose ahí mismo un problema de autoridad paterna y, por consiguiente, un problema disciplinario que si no se resuelve pronto podría empeorar.

Para recordar

- Los papás deben estar de acuerdo con respecto a la disciplina.

- Los desacuerdos deben resolverse pronto y juntos, ambos papás trabajando como equipo.

- Nunca dejar que decida un tercero distinto a los papás. Se puede escuchar ideas, pero sólo los papás deciden.

- Ambos papás deben estar de acuerdo en la forma de resolver una discrepancia.


Diego Fernández Castillo
Psicólogo – psicoterapeuta
Colegio de Psicólogos del Perú 19495

diego.fernandezc@pucp.edu.pe

27 ene 2012

Tratamientos psiquiátricos mal llevados (segunda parte)

En la entrada anterior veíamos que muchas veces las personas que siguen un tratamiento psiquiátrico actúan de tal forma que acaban transformando dicho tratamiento en uno que no es el que indicó el médico. Enumeramos tres formas de hacer esto:

1) Variar las dosis según sus propios criterios.
2) Decidir qué medicamentos tomar y cuáles no, cuando se le han indicado dos o más productos.
3) Abandonar el tratamiento médico.

Ya desarrollamos las dos primeras. Ahora veremos la tercera:

3) Abandonar el tratamiento médico:

Aquí confluyen en el fondo todas las acciones que van en contra del tratamiento indicado: la persona se da de alta a sí misma unilateralmente, sin participación del profesional. Efectivamente, alguien puede abandonar su tratamiento o decidir que su hijo abandona el tratamiento por todos los motivos expuestos anteriormente, sea por motivos económicos, sea porque está harto de seguir consumiendo medicamentos, sea porque "no está de acuerdo" con el médico, sea porque cree que ya no lo necesita o porque le trae efectos adversos que ya no quiere experimentar, o por una amalgama de más de uno de ellos.

Imagen alojada por servimg.com
Ilustración: Lucía Fernández

También está el clásico "no sigo con el tratamiento porque no me ha servido de nada... sigo igual de mal". Muchas veces, esta acción y esta razón que la sustenta sobrevienen después de que el paciente ha hecho con el tratamiento cualquier cosa excepto lo que le indicó el psiquiatra, es decir, después de que el paciente estuvo disminuyendo o aumentando sus dosis o después de que se estuviera suprimiendo uno de los fármacos recetados. Otras muchas veces se llega a la determinación de abandonar el tratamiento acusándolo de inefectivo cuando el paciente lo ha llevado indisciplinadamente, saltándose tomas de forma seguida, no tomando las medicinas por días consecutivos, tomándolas a deshoras, no siguiendo el tratamiento los fines de semana por estar de fiesta o de salidas con los amigos, consumiendo sustancias que interactúan mal con el medicamento, etc.

Muchas veces también, cuando he escuchado esto de "ya no sigo porque no me sirve de nada" y he preguntado hace cuánto que no ve al médico, me he encontrado con la sorpresa de que el paciente no ha ido a sus controles con el médico hacía meses. Yo me pregunto, ¿cómo no va a ser inefectivo el tratamiento si la persona no lleva sus controles? En este caso, el paciente está llevando el tratamiento ajustado para un momento pasado, meses atrás, no ajustado para el momento actual. El tratamiento psiquiátrico, en muchísimas ocasiones es variable, susceptible de regularse y modificarse según el momento y las circunstancias. Si uno no va a sus controles, es probable que en algún momento su tratamiento se desfase.

¿Por qué no es aconsejable interrumpir de esta manera un tratamiento psiquiátrico? Razones podemos encontrar muchas. Veremos algunas de ellas:

- Porque no es por gusto que a uno se le hayan recetado medicamentos; es porque uno está padeciendo de algo. Al interrumpir el tratamiento médico se le da luz verde y continuidad al padecimiento, a menos que se tenga una alternativa de salud.

- Porque las medicinas recetadas son sustancias que generan cambios en nuestro organismo. Es posible que el organismo del paciente necesite un retiro gradual de la medicación, no un retiro abrupto, y el único capacitado para definir estas cuestiones es el mismo médico, nunca el paciente.

- Porque se corre el riesgo de retroceder en el posible avance en el control de los síntomas, pudiendo incluso empeorar la situación inicial con una recaída.

- En el tratamiento de adolescentes: los menores guardan la experiencia (negativa para su adultez) de que el tratamiento médico es inefectivo y que posiblemente les generó más molestias que beneficios. Una vez adultos, estos adolescentes recordarán malas experiencias de tratamientos de salud, cuando no tendría por qué ser así, por lo menos en este caso. Esto genera desconfianza hacia el médico y resistencia a buscar ayuda en temas de salud.

- En el tratamiento de niños: se somete a los niños a un comportamiento negligente por parte de sus padres. Puede que en ese momento el niño no lo entienda o no lo perciba, pero eso no quita el hecho de la negligencia contra sus propios hijos. Por otro lado, he visto casos en los que aquellos niños hechos jóvenes les preguntan a sus padres por qué es que no encontraron solución a su malestar en ese momento. Uno como padre, ¿qué hace? ¿Le miente a su hijo o le dice la verdad acerca de su irresponsabilidad?

Conclusión

Como conclusión es necesario repetir las dos máximas que se propusieron en un principio, habiendo ya mencionado algunas de las razones que las pueden sustentar:

1) Hacer con los medicamentos y con el tratamiento exactamente lo que el médico ha recomendado; y enfatizando: exactamente, ni más ni menos. Esto contempla por supuesto los controles: si el médico dice que el paciente debe regresar en un mes a verlo, eso exactamente es lo que debe hacerse. Hay que apuntarlo en la agenda, poner un recordatorio en el teléfono o lo que sea necesario para no olvidarse.

2) Contarle al médico todo lo que tenga que ver con la medicación y con el estado de salud (física y mental) del paciente. Para ello uno tiene que sacar cita con el médico apenas vea que haya cualquier duda o hecho importante. Hay que recordar que el médico no llamará a su paciente; es el paciente quién debe comunicarse.

Hay que recordar, finalmente, que sólo siguiendo las recomendaciones podremos esperar obtener los resultados que deseamos. Si no hacemos lo que se recomienda no podremos confiar en que lograremos avance alguno.


Diego Fernández Castillo
Psicoterapeuta
diego.fernandezc@pucp.edu.pe